¿Qué me hace feliz a los 30?

22/2/2014

En la mañana conversé con una amiga, de esas muy buenas, pero por cuestiones de tiempo, hijas y estilos de vida, no compartimos con la frecuencia que deberíamos, pero la confianza intacta. Ella está a mitad de su segundo embarazo, a sus 30! La noticia le dio una gran alegría, fue lo primero que le pregunté cuando me envió la foto de su prueba positiva. Mi amiga es una mujer muy inteligente y astuta, quien en su vida se ha topado con muchos limones con los que ha hecho muy buena limonada y siempre con una gran sonrisa. 

La noticia de su embarazo me dio mucha alegría, claro, aunque me da esa patadita en medio del pecho, por no saber cuándo me volverá a tocar a mí. Entre sus cualidades está ser una extraordinaria madre, es de esas madres solas que yo admiro y respeto (entendiendo como sola, aquella mujer que con pareja o sin ella, carga la responsabilidad de su bienestar y el de sus dependientes, incluyendo a su pareja como dependiente). La conversación fue muy adulta, sobre las niñas, sus listas de regalos para Navidad, trabajo, cómo va su embarazo y hablar por clave sobre el papa de su nueva princesa (él estaba junto a ella). Colgué con esa sensación de que ya no somos las jovencitas aquellas que solo pensaban en hoy.

En la noche, de regreso a casa, conversé con otra de mis viejas amigas, quien tenía que contarme de su súper divertido fin de semana acampando en Disney’s Fort Wilderness Resort and Campground con sus compañeros de trabajo. Se escuchaba tan feliz, que me dio tranquilidad saberla tan bien. Me dijo que se sintió como cuando estaba en la escuela superior: comer, beber, reír, volver a comer y seguir riendo libre de preocupaciones. Cabe señalar que ya tiene 30, está terminando sus estudios, tiene su casa, su carro, su compañero de vida, (larga historia) y un trabajo del que no se piensa jubilar, pero le genera muchas alegrías. Sí, creo que mi amiga logró su sueño americano. Su vida siempre ha sido una montaña rusa de emociones, y escucharla contando sus mil historias es todo un chiste, aun cuando está roja del mal humor. Tal vez, por la distancia de su país y su familia, para ella la amistad tiene un sentido muy especial. La verdad, eso me encanta de ella, si hablara chino, hasta a los chinos ella invitaría a un BBQ en su casa. Eso le da una especie de juventud.

Por otro lado, hace unas semanas, almorcé con otra de mis grandes amigas, quien también ya pisó los 30. Nuestro punto de encuentro fue la tiendita de Milagros, frente a la Pablo, como mejor se conoce la escuela intermedia, donde juntas estudiamos. Es una experiencia interesante, sentarnos en el mismo piso que hace poco más de 15 años nos sentábamos. Aunque, ya las conversaciones son más reales que hipotéticas y las decisiones tienen un tono más profundo. Hace tantos años que no veía a mi amiga disfrutarse la vida siendo simplemente ella y disfrutando cada cosa que realiza. Destacando que pasó, aproximadamente, 10 años al lado de un hombre que no era malo, solo que tenían sueños diferentes, bueno, él solo dormía, mientras ella soñaba. De esta relación nacieron dos tesoros, antes de sus 30, pero es ahora que mi amiga tiene la libertad de disfrutarse a sus hijos a su manera y sin restricciones. Por fin, le llegó la oportunidad de tener el trabajo que le encanta y tanto en su casa como en lo profesional está batiendo sus alas a sus anchas. En el amor… pues… la vida le está dando un descansito para que su concentración se quede en ella misma y en sus hijos que son una extensión de ella.


A meses de cumplir mis 30… Por fin entiendo o al menos al fin le doy validez a la frase “los 30 son los nuevos 20″. Al escuchar a mis amigas felices, con diferentes circunstancias y en la misma etapa de vida, acepté que la felicidad a los 30 es muy individual. La situación está en mi mente, en mis expectativas. Claro, las ideas preconcebidas en mi mente por la sociedad también cargan parte de la culpa. Yo le pongo fecha a mis anhelos y corro muy rápido tras de ellos, si no los alcanzo, siento que se me escaparon, cuando en realidad solo tengo que esperar a estar a su paso y no al mío.

Logré algunos de mis sueños muy rápido, ya a mis 25 años tenía a mi niña, el intento fallido de un matrimonio con el amor de mi vida, un buen trabajo del cual he hecho mi carrera, tenía mi carro, mi casa y mis estudios. En ese orden específico, aunque no lógico. Mi felicidad a los 30 está en redireccionar mis metas, con la idea clara de caminar tras mis sueños no correr tras de ellos. Mientras camino, seré feliz con el fruto de mis esfuerzos y disfrutaré el hermoso paisaje de mi vida, en el que están incluidos mi familia y amigas como ellas que trascienden tiempo y distancia.


Bienvenida crisis de los 30…

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