El hombre controlador con su disfraz de motivador

El hombre controlador con su disfraz de motivador

Si eres una mujer independiente, inteligente y emprendedora, eres una víctima en potencia. Si tienes uno que otro complejito o, simplemente, reconoces tus debilidades, evita hablarlo con ese chico interesante que te impacta por su escucha activa. Eso sería alimento para su control.


Comienzas sitiando que es el único que te entiende y te apoya, por lo que te das permiso a ser débil frente a él. Sí, las mujeres fuertes también sienten debilidad. Tiene esta magnífica habilidad de hacerte creer que promueve una versión mejorada de ti. Pregúntate, ¿mejor para quién? Esto te lo preguntarás cuando le dices que quieres perder diez libras y él te “motiva” a botar la barra de chocolate que acabas de abrir para mitigar tu PMS. También cuando te dice que comiste mucha lechuga y eso podrá expandir tu estómago en el futuro y te verás obligada a comer más. Sin embargo, te repite que no tiene problema con tu peso.


Es encantadoramente observador. Se da cuenta de tus zapatos nuevos, tu cambio de peinado, hasta del color de tus uñas. ¡Halagador por demás! Sin embargo, luego de la fanfarria, te pregunta en forma de comentario, “¿no encontraste unos zapatos con el tacón más bajo?”, “el pelo lacio te hace lucir más delgada” o “¿no tenías un color de uñas más profesional?”. Y tú, dudas de tu elección. Lo triste es que la próxima vez vas tras los tacones más bajos, puede que hasta le envíes fotos antes de pagarlos, te estiras el pelo, cueste lo que cueste, y cambias tu color de uñas a uno más “profesional”. Y tú, como perrito en entrenamiento esperas tu “treat” cuando lo vuelves a ver. Es un domesticador por excelencia y tú hasta feliz te sientes cuando te recompensa con su aprobación.


En ocasiones, utiliza el refuerzo positivo como estrategia de domesticación. Te dice cosas como, “te comportaste muy bien en la cena con mis colegas”, “¿ves?, esa ropa te hace lucir más como realmente eres”. Y tú, incómoda con tu pelo lacio, tacones más bajos y color de uñas “profesional” y aún con hambre porque solo te permitió comer la sopa y ensalada de entrada, por aquello de que llegues a tu meta.


Es tan comunicador que, a veces, te comunica que aún hay cosas en ti que no llenan sus expectativas, como que le falta algo. Y tú, te haces una autoevaluación a diario de lo que eres o lo que sabes que él quiere. En tu autoevaluación crees que vas bien. Has hecho ajustes, después de todo hay que hacer ajustes con una nueva pareja. 

Cuando tienes que dejar de hacer las cosas que disfrutas y las cambias por aquellas con las que no te sientes cómoda, no es un ajuste lo que te pide. Te está convirtiendo en otra persona. Y tú, en nombre de ese amor que ha crecido por ese hombre que te escucha, te apoya, te aconseja, te presta atención, simplemente renuncias a tu esencia.


¿Adivina qué? No pasaste su evaluación. Y ahora cómo te comportarás, vestirás, hablarás, si él ya no está para “motivarte”…


Moraleja, la autenticidad es el vestido que mejor te luce.

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